Las carceles en el Cine

No son pocas las películas que han criticado el sistema penitenciario, la dureza de sus penas, las actuaciones de sus vigilantes y sobre todo la polémica pena de muerte. El tema quizás esté demasiado trillado pero mientras algún condenado, que ya ha cumplido su pena o ha sido ejecutado, se demuestre a posteriori que era inocente, seguirá dando que hablar y rellenará minutos de cortos y largometrajes.

Ahora que no queda ciudad de EEUU que se haya levantado contra la represión policial, especialmente contra los negros, quizás sería más interesante retratar el origen de porqué hay tanta gente en la cárcel, en el país de las “libertades”. A parte de la condición social, el color de piel parece ser un condicionante para encerrar a una persona entre rejas.

En 2014, Carlos Salas señaló en su blog de la información.com que la mayoría de la población reclusa era negra, seguida de latinos y blancos. Un dato más escalofriante es que el 66% de los encarcelados por tráfico de drogas son negros, como si los que las consumen y vendieran solo son ellos, además de aportar que un 10% de ellos, ha pasado alguna vez en su vida por chirona. Sin embargo, sorprende la escasa representación que tienen en las películas de todos los protagonistas puede haber uno negro y si se juntan ves que igual es el único negro o como mucho tiene su pandilla (de más de 5 pero no suelen pasar de los 20).

En Prison Break se sigue esa desproporcionalidad, sin embargo en series como Orange is the new black sí parece haberse corregido en cierto modo esa correlación y se guarda un cierto equilibrio entre negras, latinas y blancas.

Algunos datos reveladores que podemos arrojar los apunta el Centro Internacional de Estudios Penitenciarios, y es que en cuanto a la proporcionalidad de reos con relación a la población del país, EEUU se encuentra a la cabeza con 716 presos por cada 100.000 habitantes. Otras cifras como la situación de los centros penitenciarios, muestran que hay países con peor trato que EEUU , Haití tiene sus cárceles con una ocupación del 335%, seguido del El Salvador al 325% y países como Venezuela al 270% pese a tener un índice relativamente bajo de población recluida, con 161 prisioneros por cada 100.000.

La cantidad de presos en EEUU (un total de 215.000) se vio reducida el año pasado por primera vez desde 1980, por lo que aunque el país norteamericano solo tenga el 5% de la población mundial, nada más y nada menos que el 25% de las personas que están a la sombra las alberga su territorio, según el Departamento de Justicia. El principal motivo por el que a la gente se la priva de su libertad en EEUU son asuntos de drogas, un 46%.

El ansia carcelaria de las autoridades no conoce límites, ya son famosos los centros de internamientos de migrantes, en los que aquellos que tratan de llegar a su vecino del norte, ya sean mayores o pequeños, son retenidos a la espera de su deportación.

Un caso que puede mezclar todos los elementos señalados es el de Cristian Fernández. Un chico que nació fruto de una violación a su madre, una migrante de tan solo 11 años en el momento del suceso. Él se crió en un ambiente de marginación social, drogas, violencia y abusos, fueron el pan de este muchacho. Ahora ha sido condenado a prisión por haber matado a su hermanastro que en el momento del suceso tenía dos años y haber abusado de su otro hermanastro de cinco. Sin embargo, esto ha sido gracias al movimiento de activistas sociales, que lucharon porque no se le juzgara como a un adulto, algo que pedía la fiscalía, por lo que podría haber sido encerrado de por vida.

Otra serie de productos culturales también han tratado este asunto, tanto películas comerciales como Death Race, ambientadas en un sociedad futura en la que en las cárceles se organizan carreras a muerte con coches armados hasta los guardabarros, pasando por clásicos como La milla verde, que mezcla elementos de realidad y ficción (aunque en este caso los reclusos tienen alguna tara mental), en la que un carcelero menos malo logra hacerse con el control de un pabellón de condenados a muerte, que era controlado por otro sádico pero al fin y al cabo se acaba ejecutando a un preso por el simple hecho de ser negro y tener capacidades distintas. Sin olvidar otras célebres como Primera plana de Billy Wilder, protagonizada por su pareja de hecho cinematográfica Jack Lemmon, en la que se entremezcla una crítica a los órganos represivos del Estado con otra a los medios de comunicación y el amarillismo del periodismo de sucesos, en una comedia de situación que aborda de una manera muy aguda tales cuestiones.

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